¿Por qué es bueno que los niños aprendan que no siempre se puede ganar?
A nadie le gusta perder. Tampoco a los niños.
Ya sea en un partido de fútbol, en un juego de mesa o intentando montar una construcción de piezas que no sale como esperaban, muchos pequeños reaccionan con lágrimas, enfados o incluso abandonando la actividad.
Y aunque como padres nuestro primer impulso suele ser protegerlos de esas emociones desagradables, la realidad es que aprender a gestionar la frustración es una de las habilidades más importantes para la vida.
La frustración aparece cuando las cosas no salen como queremos. Es incómoda, sí, pero también es una gran maestra.
Gracias a ella, los niños descubren que cometer errores es normal, que el esfuerzo merece la pena y que, muchas veces, hace falta intentarlo varias veces antes de conseguir algo.
Esto no significa que debamos ignorar sus emociones. Al contrario. Cuando un niño dice "¡No puedo!" o rompe a llorar porque ha perdido, necesita sentirse comprendido.
Frases como:
"Sé que estás enfadado porque querías ganar."
o
"A veces las cosas no salen como esperamos, pero podemos volver a intentarlo."
pueden ayudar mucho más que un simple "No pasa nada".

También es importante resistir la tentación de resolver todos sus problemas. Si siempre intervenimos para evitar que se frustren, les estamos privando de la oportunidad de desarrollar paciencia, perseverancia y confianza en sí mismos.
La próxima vez que tu hijo no consiga hacer algo a la primera, recuerda que no necesita padres perfectos ni soluciones inmediatas. Necesita adultos que le acompañen mientras aprende que equivocarse forma parte del camino.
Porque los niños que entienden que no siempre se gana son los que descubren que lo verdaderamente importante es seguir intentándolo.
Y eso es una victoria que dura toda la vida.
